Arte y democracia se entrelazan en San Lázaro
En medio de debates que suelen girar en torno a presupuestos, reformas y jaloneos políticos, la Cámara de Diputados abrió espacio al arte. Esta vez no fue para discutir una iniciativa, sino para recibir una escultura que, según sus propios protagonistas, también habla de política: “Variación Borromeo”, del artista Enrique Carbajal González, mejor conocido como Sebastián.
Por Bruno Cortés
En medio de debates que suelen girar en torno a presupuestos, reformas y jaloneos políticos, la Cámara de Diputados abrió espacio al arte. Esta vez no fue para discutir una iniciativa, sino para recibir una escultura que, según sus propios protagonistas, también habla de política: “Variación Borromeo”, del artista Enrique Carbajal González, mejor conocido como Sebastián.
La pieza fue donada al recinto legislativo y colocada en la explanada “La Plaza de los Constituyentes de 1917” del Palacio Legislativo de San Lázaro. La recepción estuvo encabezada por la presidenta de la Mesa Directiva, Kenia López Rabadán, y por el presidente de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal Ávila, quien además entregó un reconocimiento al escultor.
Puede parecer un acto meramente cultural, pero el mensaje que intentaron transmitir va más allá del simbolismo estético. La obra está inspirada en el llamado nudo borromeo: tres anillos entrelazados que, si uno se rompe, deshacen a los demás. La metáfora es clara y, en un Congreso plural como el mexicano, hasta conveniente: distintas fuerzas políticas pueden mantener su identidad, pero solo en interdependencia sostienen la institución democrática.
Kenia López Rabadán lo explicó en términos sencillos: en la Cámara convergen ideologías distintas, proyectos opuestos y debates intensos, pero lo que mantiene en pie al órgano legislativo es el equilibrio y la capacidad de construir acuerdos. En otras palabras, la política no funciona si cada quien jala por su lado sin considerar al otro.
Ricardo Monreal, por su parte, subrayó que la escultura se integra como patrimonio permanente de la Cámara. Recordó que el año pasado el recinto ya había sido sede de la exposición “Sebastián en San Lázaro”, que atrajo a miles de visitantes. Con esta donación, dijo, el arte deja de ser temporal y se vuelve parte estructural del espacio donde se toman decisiones sobre seguridad, salud, economía o democracia.
Y aquí es donde la política pública entra en escena, aunque no lo parezca. Los congresos no solo legislan; también construyen símbolos. La arquitectura, el arte y los espacios públicos influyen en la manera en que se concibe el poder y se ejerce la representación. Incorporar una obra de este tipo es, en términos institucionales, una forma de reforzar identidad, tradición y narrativa democrática.
El propio Sebastián explicó que su obra, creada en 2014, parte de la teoría matemática de nudos, pero tiene significados más profundos. En la interpretación cultural que se compartió durante el acto, los tres anillos pueden leerse como dimensiones que solo funcionan juntas. Esa idea fue retomada como metáfora del trabajo legislativo: pluralidad, diálogo y corresponsabilidad.
El mensaje llega en un momento clave. Monreal adelantó que en las próximas semanas la Cámara discutirá una posible reforma electoral, un paquete de reformas anticorrupción y cambios en materia de migración y derechos de comunidades indígenas y afromexicanas. Es decir, se avecina una temporada intensa de debates. Y en ese contexto, la invitación simbólica fue clara: cuando las discusiones se tensen, ahí estará la escultura recordando que la armonía en política tiene un nombre concreto, democracia.
Más allá de colores partidistas, la escena deja una postal interesante: en el corazón parlamentario del país, donde se negocian presupuestos millonarios y reformas estructurales, ahora también hay un recordatorio físico de que el equilibrio y la interdependencia son indispensables. Porque, como en el nudo borromeo, si una pieza se rompe, el conjunto pierde sentido.
