El Partido Verde corta de tajo toda relación con Pedro Segura Valladares
Tras la polémica por un narcocorrido en Guerrero, el PVEM se deslinda totalmente de su excandidato Pedro Segura y condena la apología del delito.
¡Qué sofocón se armó en las filas del «Tucán»! Resulta que el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) ya no quiere saber ni el nombre de Pedro Segura Valladares, aquel personaje que en 2021 buscó la gubernatura de Guerrero. A través de un comunicado con fecha de este 27 de febrero de 2026, el instituto político puso pies en polvorosa y dejó claro que el empresario no tiene vela en ese entierro, ni militancia, ni hueso dentro de su estructura interna.
La gota que derramó el vaso fue el numerito que se aventó Segura en su rancho de Tepecoacuilco. Según cuentan las crónicas de la entidad suriana, el hombre se puso terco con los músicos de «Los Alegres del Barranco» para que le tocaran un corrido dedicado a un famoso capo. Ante la negativa de la banda por aquello de las leyes y las represalias, el propio Segura agarró el micrófono para echarse el «palomazo» prohibido, dejando a más de uno con el ojo cuadrado.
En el comunicado emitido desde la Ciudad de México, el Partido Verde explicó que, si bien es cierto que Segura Valladares fue su gallo en las elecciones pasadas, su participación fue estrictamente como «candidato externo». Es decir, le prestaron el membrete por la coalición que tenían con el Partido del Trabajo (PT), pero aseguran que una vez que se cerraron las urnas en 2021, la comunicación se rompió por completo y cada quien jaló para su santo.
Pero la cosa no paró en un simple «yo no lo conozco». El partido se puso serio y lanzó un mensaje con jiribilla, condenando cualquier acto que pretenda hacerle la barba a la vida criminal. En sus propias palabras, reprobaron la «apología del delito» y esa maña de glorificar a personajes que tanto daño le han hecho a la nación. Al parecer, en el Verde ya no están dispuestos a cargar con muertitos ajenos en tiempos donde la seguridad nacional está que arde.

La dirigencia del partido fue más allá y le pidió a las autoridades que se pongan las pilas. En el texto, solicitan formalmente que se tomen las medidas necesarias para determinar si el ciudadano en cuestión incurrió en alguna responsabilidad legal. No solo le soltaron la mano, sino que prácticamente le pusieron la alfombra roja a la justicia para que le eche un ojo a los movimientos y desplantes del empresario guerrerense.
Este distanciamiento ocurre en un momento donde el horno no está para bollos, especialmente tras los recientes operativos en Jalisco y la tensión que se vive en diversas zonas del país. Para el PVEM, mantener cualquier vínculo —aunque sea de lejitos— con alguien que presume sus gustos por los corridos de capos, es un lujo que no se pueden dar si quieren mantener la cara limpia ante sus aliados de la Cuarta Transformación y la opinión pública.
Por si fuera poco, Pedro Segura no se quedó callado y, fiel a su estilo de «aquí mis chicharrones truenan», despotricó contra quienes difundieron el video de su fiesta. El excandidato advirtió que a «perro que le ladra, le da un balazo», una frase que terminó por encender las alarmas y confirmar que el hombre no tiene mucha paciencia que digamos. Esta actitud fue la que terminó de convencer al Verde de que lo mejor era pintar su raya de manera absoluta.
En el cierre de su mensaje, el partido también aprovechó para darse un baño de pureza democrática, señalando que ellos sí respetan la libertad de expresión de los medios de comunicación. Esto surge como un espaldarazo a los periodistas que sacaron a la luz el polémico festejo y que, de paso, recibieron los «ladridos» y amenazas del ahora solitario político de Tepecoacuilco.
Así las cosas, el panorama para Pedro Segura se pone color de hormiga, pues se ha quedado sin el respaldo de la plataforma que lo puso en el mapa electoral. Mientras el Verde se sacude el polvo y busca alejarse del escándalo, en Guerrero la noticia sigue corriendo como pólvora, recordándonos que en la política mexicana, un corrido mal cantado puede ser el réquiem de una carrera pública.
