Conflicto en Medio Oriente amenaza con disparar gasolinas en México
Crisis en Medio Oriente perfila el barril a 200 dólares; México en jaque por su enorme dependencia de energéticos importados.
En el ajedrez de la geopolítica actual, la Ciudad de México y el resto del país se perfilan como espectadores sumamente vulnerables. Un reciente análisis sobre la crisis energética global advierte que las tensiones en Medio Oriente tendrán un «efecto mariposa» que pegará directo y sin escalas en los bolsillos de las familias mexicanas.
Los especialistas señalan que el escenario de una virtual desintegración territorial de Irán, fenómeno descrito por analistas internacionales como una «Libianización», podría catapultar el precio del petróleo crudo hasta la franja de los 150 o 200 dólares por barril. Esto representa una ruta directa hacia una recesión mundial de la cual el país no saldría bien librado.
El epicentro de esta tensión es el Estrecho de Ormuz, un auténtico cuello de botella de apenas 30 kilómetros de ancho por donde transita el 20 por ciento de la producción mundial de crudo. Las condiciones geográficas otorgan a Irán una ventaja táctica absoluta, convirtiendo a los buques comerciales de marcha lenta en blancos fáciles, o como dicen en el gremio, en «pájaros en la mira» para ataques con drones.
Semejante nivel de inseguridad ya cobró una factura altísima en la logística comercial. Las primas de seguro para los barcos de carga se han disparado hasta en un 400 por ciento; como botón de muestra, una embarcación valuada en 200 millones de dólares requiere hoy desembolsar 38 millones extra tan solo para cruzar con cierta cobertura la zona de riesgo.
A la par del crudo, el Gas Natural Licuado (GNL) atraviesa su propio calvario logístico. Los recientes ataques dirigidos a la infraestructura de gas en Qatar obligaron a este gigante productor a declarar estado de «Fuerza Mayor», lo que inactiva sus compromisos contractuales por el próximo lustro y ya provocó un aumento del 32 por ciento en los precios del mercado asiático.
Para México, el panorama pinta color de hormiga. A pesar del constante discurso gubernamental sobre el rescate de la soberanía, la realidad documentada es que el país opera bajo un esquema sumamente frágil, importando el 80 por ciento del gas natural que consume, proveniente en su gran mayoría de los vecinos del norte.
Esta cifra cobra una dimensión mayor al considerar que el 60 por ciento de la electricidad que ilumina los hogares capitalinos y nacionales depende directamente de ese combustible importado. A esto se suma la dependencia extranjera para el 50 por ciento de las gasolinas que se despachan a diario en las estaciones de servicio.
El horizonte diplomático, por si fuera poco, tampoco ofrece tregua. Analistas reportan que, tras bombardeos que presuntamente cobraron la vida de la familia del liderazgo iraní, el nuevo mando no muestra la menor disposición para negociar un cese al fuego, convirtiendo el conflicto en un choque frontal que no verá la paz a corto plazo.
Ante este crudo panorama, el consumidor mexicano deberá mantener extrema cautela financiera. Cualquier interrupción internacional se traducirá de inmediato en un duro golpe inflacionario al consumo interno, donde el optimismo oficial difícilmente alcanzará para pagar el recibo de la luz o llenar el tanque del automóvil a la hora de la verdad.
