Omar García Harfuch destapa red criminal en el Ayuntamiento de Tequila
La Operación Enjambre volvió a sacudir a la política local y esta vez el golpe fue directo al corazón de un ayuntamiento. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, informó la detención de Diego “N”, presidente municipal de Tequila, Jalisco, tras una investigación que se activó por denuncias ciudadanas y que derivó en un operativo federal coordinado.
Por Juan Pablo Ojeda
La Operación Enjambre volvió a sacudir a la política local y esta vez el golpe fue directo al corazón de un ayuntamiento. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, informó la detención de Diego “N”, presidente municipal de Tequila, Jalisco, tras una investigación que se activó por denuncias ciudadanas y que derivó en un operativo federal coordinado.
La captura no fue un movimiento aislado ni improvisado. En ella participaron fuerzas federales de primer nivel: Ejército, Marina, Fiscalía General de la República, Secretaría de Seguridad y el Centro Nacional de Inteligencia. El mensaje político detrás del despliegue es claro: el Gobierno federal busca demostrar que las redes de corrupción local ya no se investigan solo desde lo administrativo, sino como parte de esquemas criminales más amplios.
Junto con el alcalde, también fueron detenidos tres funcionarios clave del gobierno municipal: el director de Seguridad Pública, el director de Catastro y Predial, y el director de Obras Públicas. De acuerdo con las investigaciones, estas áreas no eran accesorias, sino piezas centrales para operar una red de extorsión desde el propio Ayuntamiento. El señalamiento es grave: uso del poder público para presionar a empresarios, desvío de recursos y presuntos vínculos con una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Las autoridades sostienen que Diego “N” encabezaba un esquema en el que servidores públicos municipales exigían pagos a empresas cerveceras y tequileras, un sector económico clave en la región. Incluso, empresarios denunciaron el uso de patrullas municipales para bloquear accesos a instalaciones privadas, una práctica que mezcla intimidación, abuso de poder y crimen organizado.
El nombre del alcalde ya había aparecido antes en distintos escándalos. En mayo del año pasado fue llamado a declarar por un evento musical donde se proyectaron imágenes de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del CJNG. A esto se sumaron decisiones administrativas que rozaron la ilegalidad, como convertir el Museo Nacional del Tequila en oficinas del Ayuntamiento y, presuntamente, en residencia del propio alcalde, sin permisos ni consultas institucionales. La intervención de la Fiscalía General de la República y la desaparición posterior de sellos oficiales terminaron de encender las alertas.
El deterioro financiero del municipio fue otro foco rojo. En diciembre, el Ayuntamiento reconoció que no tenía recursos ni para operar ni para pagar aguinaldos, lo que obligó al gobierno estatal a intervenir con un apoyo de emergencia. El propio gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, admitió que bancos privados negaron créditos al municipio por su mal historial financiero, una señal más de una administración fuera de control.
Desde la óptica política, el caso Tequila no es solo la caída de un alcalde, sino un ejemplo de cómo la inseguridad, la corrupción y la mala gestión pública pueden mezclarse en lo local. Para Omar García Harfuch, la detención manda un mensaje de fondo: las denuncias ciudadanas pueden escalar hasta investigaciones federales y los cargos públicos ya no funcionan como escudo automático frente a la ley.
El proceso apenas comienza, pero el golpe ya está dado. Ahora será la justicia la que determine hasta dónde llegaba la red y quiénes más estaban involucrados.
