Sheinbaum respalda apertura económica de Cuba en crisis energética

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La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fijó postura sobre uno de los movimientos más relevantes en décadas para la isla: la decisión de Cuba de permitir inversiones y propiedades a cubanos en el extranjero. Desde la conferencia matutina, lo calificó como un acto “soberano” e “histórico”, reconociendo que responde a la necesidad de buscar nuevas salidas ante la crisis

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Por Juan Pablo Ojeda

 

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fijó postura sobre uno de los movimientos más relevantes en décadas para la isla: la decisión de Cuba de permitir inversiones y propiedades a cubanos en el extranjero. Desde la conferencia matutina, lo calificó como un acto “soberano” e “histórico”, reconociendo que responde a la necesidad de buscar nuevas salidas ante la crisis.

El anuncio no llega en un vacío. La isla enfrenta una situación energética crítica, agravada por el bloqueo petrolero impulsado por el gobierno de Donald Trump. Desde enero, la falta de suministros constantes de crudo ha debilitado el sistema eléctrico, provocando apagones recurrentes. El más reciente colapso total —el sexto en año y medio— refleja el deterioro de las condiciones de vida: alimentos que no se conservan, servicios médicos afectados y empresas extranjeras reconsiderando su permanencia.

En ese contexto, la apertura económica aparece más como una medida de urgencia que como un giro ideológico. Para el gobierno mexicano, se trata de una decisión interna que busca aliviar la presión social y económica, sin romper con el principio de soberanía.

Sin embargo, el entorno internacional complica cualquier intento de estabilización. Las declaraciones recientes de Trump encendieron las alertas al asegurar que “tomar Cuba sería un gran honor”, dejando abierta la puerta a distintos escenarios de presión. Aunque no se habla abiertamente de una intervención militar, sí se perfila una estrategia basada en asfixia económica para aumentar la dependencia de la isla hacia Washington.

México, por su parte, se mueve en una línea delicada entre solidaridad y cálculo diplomático. Sheinbaum defendió los envíos de ayuda humanitaria realizados previamente —iniciados en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador— como un acto humanitario frente al sufrimiento de la población cubana.

Al mismo tiempo, respondió a las críticas internas por la gestión de estos apoyos, marcando distancia con quienes cuestionan la transparencia o el trasfondo político de la ayuda. Para la presidenta, estas posturas reflejan más una disputa política interna que un análisis de fondo sobre la crisis en la isla.

El dilema para México no es menor. Mientras países como Canadá, Chile y Rusia también exploran formas de apoyo, la advertencia de posibles sanciones o aranceles por parte de Estados Unidos introduce un factor de riesgo en cualquier decisión. Ayudar a Cuba ya no es solo una postura humanitaria, sino también una jugada geopolítica.

En este escenario, la apertura económica cubana, la presión estadounidense y la postura mexicana convergen en un mismo punto: el futuro inmediato de la isla dependerá tanto de sus decisiones internas como del margen que le permita el entorno internacional.

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